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Un paisaje preciosamente pobre. Un día soleado del otoño fresco que nos ha tocado en los cupones. Un sol con pretensiones que mantuvo a raya a las nubes que no se atrevieron a salir. Un día para perder. Ya era hora. Un día para gastar haciendo carretera. Un día para mi, para cada uno de nosotros. Y sin prisa. Solo tranquilear. Ese tranquilear se quiebra a la vuelta. Siempre se rompe a la vuelta, sin duda, por fallos de programación o previsión. Parece que ese es el precio de la ruta, además de los quince euros del menú de Atienza.

Cuatro motos: la Maltratada (Fendetestas), la Gata Negra (Darix), la Abuela (Jumento) y la Carabela (yo mismo) nos hemos paseado hasta Atienza con la excusa… con cualquier excusa. 131 kilómetros de excusa hasta llegar al destino o, mejor dicho, para llegar al lugar donde dar la vuelta, ya que el destino no existía para nosotros. Yo creo que el destino era ir y volver, solo eso.

Desde la Scozor Square (Madrid) hasta Cogolludo, en segunda instancia. En Cogolludo hemos descubierto -hemos vuelto a descubrir- la plaza. Este pueblo, centro del señorío de los duques de Medinaceli, guarda el primer edificio renacentista de España: el palacio, que cierra la plaza trapezoidal del mismo lado que el Ayuntamiento.

Migas. Migas porque no había tortilla. Muy buenas.

Y después, Atienza, lugar donde comer. Y nos hemos ido sin verla. Bueno, hemos visto un poquito y hemos entendido lo complicado de su urbanismo, pero dejaremos para una ocasión estival el conocimiento profundo de este pueblo. Lo más impactante ha sido ver, desde la carretera, el impresionante perfil del pueblo, el perfil que se ve a varios kilómetros de distancia en el que, como un buen señor, el castillo advierte a los malos que tengan ojo con lo que hacen.

La vuelta no ha sido la prevista. El sol se despide pronto y yo tengo dificultades cuando el sol está bajo y delante, por lo que el camino de vuelta ha sido un trámite. Un trámite entretenido, pero un trámite.

Salir con los amigos es dejarse salir. Es que sea la confianza la que mande. Es interrumpirse y respetar al que ha interrumpido mientras el que interrumpía al que había interrumpido espera a recuperar su turno -si le dejan-. Si hay que parar, se para. Si hay que ir despacio, vamos despacio. Si hay que repostar, se reposta. Si hay que pagar, se paga. Si hay que chistear, se chistea. Salir es rodar, es entender la vida -entender la vida a ratos- como un enorme conjunto de ocasiones en las que asombrarse por tantas cosas. Salir a rodar es perder el tiempo. Saber perder el tiempo.

img_6428Café con migas en Cogolludo

img_6444La Carabela descansando

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Vista de Atienza a unos km antes de llegar

25a13fed-ffc3-48c2-a667-b9bca14fa04dAtienza

img_6460Un comedor de 15 m cuadrados muy bien comidos