Alguien me había hablado de Valfermoso de Tajuña. O lo había leído en alguna parte, no lo sé. Un balcón sobre el valle de este río, una carretera con mil curvas. Pues eso tenía que verlo. Así que ayer me hice una de mis archiconocidas superminirutas, cuyo mapa adjunto:

Desde Valdeluz quise ir hacia Lupiana, que hacía tiempo que no iba, y tomar una carretera desconocida para mi, la GU-921, añadiendo así al viaje otras mil curvas. Esta carretera está olvidada por parte de las autoridades provinciales y se encuentra en un estado lamentable, con el asfalto deshecho y rajado en gran parte del recorrido que hice. Una pena, porque el paisaje es espectacular. La carretera va bajando por la ladera hasta llegar al fondo del valle, donde se encuentra la carretera que une Brihuega con Armuña de Tajuña.

A la vuelta cambié el recorrido y tomé la carretera que lleva hasta Armuña, donde tomé la N-320 para regresar. Eran más kilómetros pero era mucho más segura que esa otra carretera dela que la Diputación de Guadalajara no tiene conciencia de haber gestionado en décadas.

Valfermoso se ve en lo alto. La carretera se enreda subiendo y ofrece unas hermosas vistas al valle. Muchas curvas enlazadas en las que hay que tener cuidado si eres de los que te quedas embobado viendo el paisaje. Antiguamente era conocido como Valfermoso de las Sogas porque su población se dedicaba mayoritariamente a esta industria. Fue reconquistada por los cristianos a finales del siglo XI y perteneció al Común de Villa y Tierra de Hita.

Entre sus edificios históricos destacan las ruinas del castillo, de mediados del siglo XV, que es parecido al de Torija. Solo quedan ruinas del gran murallón de la torre mayor, las bases de dos torreones esquineros y los fundamentos de sus muros, y el gran aljibe de origen árabe. También destaca la iglesia parroquial, obra del siglo XVI, de grandes dimensiones, que conserva una gran cruz de plata repujada, también del siglo XVI. Tiene una bella portada renacentista y está dedicada a San Pedro Apóstol.

Me gusta pasear en moto. Me gusta la sensación de soledad intencionada. Creo que es bueno, de vez en cuando, buscar el silencio. El silencio lejos, solo, en plena naturaleza. Hacer vacío dentro, dejar que todo salga y quedarme “enmimismado”, o “enTumismado”. Ya habrá tiempo de volverse a llenar de mundo, de jaleos, de prisas. Me gusta pasear en moto.