La Peña de Francia (tercera aproximación)

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Harley-Davidson expuesta en el museo de Hervás

La gente siempre es lo mejor. Las personas son lo mejor que te encuentras. Son como yo, son como tú, querido lector. Somos los que hacemos las cosas, los que trabajamos, los que hacemos que el mundo funcione. Estamos llenos de cosas estupendas y llenos de miseria. Somos fascinantes y somos inaguantables. Somos amables y somos antipáticos. Somos abiertos y somos cerrados… esta lista podría llegar a ser muy larga, está claro, y aun así, yo sigo pensando que las personas siempre son lo mejor. A veces pienso que si no fuese por nuestras imperfecciones no habría quien nos aguantara. La aproximación de hoy sobre la experiencia del fin de semana versa sobre eso, sobre las personas.

La gente con la que vas

Ir de ruta con otra gente es algo habitual. Tienes grupos de amigos y cada uno de esos grupos funciona de una manera. Uno de ellos, por ejemplo, decide hacer una salida. Comienza a funcionar el WhatsApp o el foro correspondiente y, poco a poco, se va cocinando lo que finalmente será el plan a realizar. Este plan no suele valer para casi nada porque la realidad pasa por encima de todo y las cosas salen como salen.

Ir de ruta con otra gente es perder autonomía personal. Cuando sales con un grupo de personas estás asumiendo que tu voluntad queda en un segundo plano a favor de la voluntad colectiva. A veces tienes que estar dispuesto a dejar morir tus propias ideas en beneficio de la idea global del grupo.

Ir de ruta con otra gente es perder un poco de tu libertad. Y puede que, en un momento dado, preferirías hacer otra cosa diferente a lo que se propone, pero tienes que estar en el grupo porque el viaje no es tuyo, el viaje es de todos, por lo que, de alguna manera, perdemos libremente nuestra libertad en virtud del compromiso adquirido.

Ir de ruta con otra gente es mirar por ellos de la misma manera que los demás miran por ti. Cuidarse mutuamente, esperarse, comprenderse y ayudarse. La ayuda que prestamos o que nos prestan es buena para el grupo y para la persona que, en ese momento, necesita algo.

Ir de ruta es estar activo. Hay que querer participar de las decisiones, de las tertulias. No vale ir a remolque porque seguramente que el resto de personas esperan tu opinión, tu comentario y tu risa. Opinar, comentar y reír no son cosa menor porque el grupo se alimenta precisamente de eso.

La gente que te encuentras

Viajar trae consigo conocer. Conocer sitios y conocer personas. Y ya se sabe, en la viña del Señor hay de todo. En la ruta a la Peña de Francia conocimos a algunas personas, por ejemplo, a las personas que llevan la hospedería de los Dominicos. Gente encantadora que nos facilitó nuestra estancia. Se ve que sabe tratar a la gente, al viajero. Conocimos a la persona que atiende el Museo de la moto y el coche clásico de Hervás, que fue muy amable y fue capaz de mantener una interesante conversación donde nos leyó hasta donde se puede leer. También conocimos al propietario del restaurante Avenida, de El Barco de Ávila, que se negó inicialmente a servir un segundo plato y que, con su actitud, ha decidido por nosotros que jamás volveremos a pisar su casa. Aun así, por lo general, la gente que te encuentras cuando vas de ruta es gente buena, gente normal, gente de la que te ayuda cuando lo necesitas. Eso no quita para que, de vez en cuando, te encuentres un ceporro.

La gente que ves

Cuando salgo por ahí siempre procuro hacer uno de mis deportes favoritos, que consiste en sentarme a ver pasar la gente. Yo creo que esta simple actividad es muy interesante porque me ayuda a comprender el sitio en el que estoy y beberme unos tragos de la cultura local. Me senté en la Hospedería y me senté en La Alberca, y observaba. Toda esa gente que pasa por la calle, quiénes son, qué hacen ahí, cómo les irá la vida, qué problemones han de tener, qué alegría habrá tenido hoy, cómo se siente con su jefe, cómo se lleva en casa con su marido o su mujer, cómo le trata la salud, qué ha leído y qué no ha leído, cuál es su deporte… Los sitios, los lugares tienen dos componentes esenciales: uno es la geografía y otro son las personas. Dónde y quién. La geografía ya nos viene dada y las personas son las que hacen la historia, el presente y el futuro.

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Cartel a modo de aviso escrito por el promotor del Museo de Hervás
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La Caprichosa, La Cabezota, La Clementina, La Abuela y La Gata negra

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