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Operación Plaza Roja

Yo, cuando veo un capítulo de esta nueva temporada de Miquel Silvestre camino de Moscú, espero ver cuatro cosas:

Lo primero que espero es ver cómo va en la moto. Esa moto enorme que debe pesar un quintal. Espero ver cuáles son las carreteras y los paisajes que recorre, edificios, monumentos, ciudades, pueblos… y, si hay suerte, ver cómo acampa en mitad de alguna parte.

La segunda cosa que espero ver es a la gente que conoce, las personas con las que charla y se relaciona, ese contraste cultural que hace rico al viajero. Costumbres, ropas, labores, historias contadas en voz baja que emocionan.

La tercera cosa que espero es un poco de historia, de historia conocida o de historia olvidada, sobre todo -y en esta ocasión- de esas barbaridades del pasado negro -¿negro?- que padecieron los países del Este de las que aún no se han recuperado.

Y la cuarta cosa que espero ver es la verdad. La verdad de quien habla con las tripas, la verdad de quien sabe más de lo que dice. La verdad sin artificios y comprometida consigo misma. La verdad subjetiva de quien obedece a su instinto y a su libertad de pensamiento.