Donde dije digo, digo Diego

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Castillo de Manzanares el Real

Donde dije digo

Dos bajo cero en la terraza de casa, pero la decisión ya estaba tomada: hoy, que tengo que ir a Villalba, iré en la moto. La previsión era amable a partir de las diez de la mañana y más que sugerente al medio día. No quería hacer un viaje de vuelta pensando en lo que me estaba perdiendo. Me he blindado de cueros y he salido a la calle a las ocho y cinco.

Hoy tenía que probar el último invento que le he puesto a la Cabezota: unos deflectores. Sí, ya sé que no es algo propio para una Harley-Davidson que se precie, pero me puse de acuerdo con mi amigo Darix para comprarlos en amazon.es y así lo hicimos. Es cierto que luego vinieron los problemas: unas piezas catalogadas como “universales” resulta que no son “universales”.

Eso por una parte. Por otra parte, al instalarlos en mi moto, descubrí la simetría funcional no geométrica que los amigos de la MoCo aplican a los artefactos que fabrican allá, en Milwaukee. Salvé los inconvenientes y quedaron instalados ambos deflectores, interponiendo una chapa alargadora en el lado izquierdo. No ocurrió así con la Gata Negra, la moto de Darix, cuya sección de los soportes de los retrovisores es muy inferior al diámetro de las placas que con las que se sujetan los deflectores. Esa tarea nos queda pendiente.

Lo cierto, amigo lector, es que tenía que probar si el efecto cortavientos funciona de manera efectiva, y he de decir que sí. Por supuesto que no se trata de un sistema de calefacción sino de una simple placa de plástico ahumado que impide que el viento dé directamente sobre las manos, sobre los dedos, por lo que el frío de la mano es el frío exterior, solo que sin la intensidad del viento. Es decir, la mano no va caliente sino que va fría según la temperatura exterior que, en la parada de Torrelaguna, era de un grado bajo cero. He parado allí porque el frío era muy intenso en todo el cuerpo, también en las manos. En Torrelaguna sale el sol, sale el sol por el sur porque por el norte el Atazar dice que nones. En Torrelaguna el menudeo matutino y el hormigueo de coches y personas comienza a alegrar la mañana.

Y ahora viene el error. Al volver a ponerme los guantes he echado vaho sobre mis manos y en el interior del guante y cuando he metido las manos he pensado: qué bien, qué calentito ahora. He arrancado, he salido a la carretera y antes de un kilómetro se me han congelado las manos. Manos congeladas, del verbo congelar, de la primera conjugación antipática. He aguantado como he podido hasta Guadalix de la Sierra y he vuelto a parar, y ahí es donde me he dado cuenta de lo que estaba pasando. El vaho se había licuado y luego se ha congelado en el interior de los guantes. En ese momento los he aireado y los he calentado al estilo Proclive, es decir, meter los guantes dentro de la cazadora mientras esperas un rato. Y ahí se acabó el problema. El resto del trayecto hasta Villalba ha sido frío pero no ha sido mortal.

He pensado en que llevar la moto hoy ha sido un error porque he pasado uno de los peores ratos de mi corta vida en moto. No podía mover las manos, ni los dedos, no podía pensar. No podía hacer nada sino llegarme a un sitio donde descubrir lo que había pasado.

Y luego está la estética. Estas pequeñas pantallas en una Harley-Davidson… qué descrédito, que… bueno, ande yo caliente…

Digo Diego

Hoy he trabajado con mi amigo y compañero Gonzalo. Ha sido un gusto, como siempre, trabajar con él. Hoy he salido especialmente satisfecho. Hemos discutido una propuesta, la hemos centrado, ha aportado tres o cuatro claves… y ya está. Ahora solo falta escribirlo, aprobarlo y llevarlo adelante. Da gusto ver a un torero que hace tres o cuatro pases a un toro y ya no hace falta que haga más. Ha hecho lo que tenía que hacer. Cuatro horas de las buenas.

Tras el trabajo, el viaje de regreso. ¡Qué maravilla! La temperatura ha sido ideal. Un poco de tráfico inicial pero luego… el sol, la carretera, los pajaritos, el campo, los embalses, el castillo de Manzanares y yo. Ha sido un rato estupendo. El segundo mejor rato del día. Sin prisa, sin correr, haciendo limpieza interior, llenando las cunetas de mierda y mirando al cielo. Ha sido uno de los mejores ratos en moto que he pasado.

Cuando lo que haces, cuando tu tarea se aproxima tanto a lo que eres, cuesta trabajo pintar una línea de separación entre el trabajo y el resto de tu vida. Trabajar, hacer una ruta, estar con los amigos, estar con un compañero, pensar en el futuro y en el pasado, mejorar las cosas con el corazón en la mano, ir o venir… llega un momento en el que no sabes bien si estás trabajando, si estás con un colega, si estás yendo a trabajar o si estás volviendo a casa. Por eso digo que esta mañana temprano dije digo, pero ahora digo Diego.

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Deflectores
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La mochila tiene una cinta para sujetarla

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