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Santa María de la Varga (Uceda)

No encuentro la manera. Mira que insisto, mira que ruedo, mira que toco, mira que busco, mira que pienso, mira que siento, mira que miro, mira que busco, mira que encuentro, mira que giro, mira que veo… y nada, que no doy con la clave. No encuentro la clave de esto de tranquilear con una Harley-Davidson. Sé que lo estoy rondando, sé que no puede estar muy lejos el conjunto de palabras que se necesitan para describir una experiencia como ésta. Cuando buscamos palabras que definen o describen cosas que son intangibles, que no son realidad palpable, que son realidad emotiva, cosas que no pesan y no se miden y no se pagan y no se cobran y no se venden, cuando buscamos esas palabras tenemos dificultades. Es lo que tiene el lenguaje, que no se lleva muy bien con el sentimiento ni con la emoción.

Digo todo esto porque hoy me he dado un paseo. He agarrado la Iron y me la he llevado a Uceda, a ese siglo XIII que descubrí el verano pasado. La temperatura era fresca y el campo se estaba poniendo rubio. El campo está en ese momento mágico que comprende la metamorfosis del verde al amarillo. Y todo eso, en el tramo entre Valdepiélagos y Uceda, era pura magia con el sol bien al este, derramado sobre las laderas, torronteras, cercas y cultivos, formando un paisaje emotivo y motivador que me ha acompañado en mi reflexión de hoy.

Estando en esas, a cincuenta o a sesenta o a setenta o a ochenta, bailando con los lobos de la carretera subido a los nuevos Scorcher, entre recuerdos, rostros, relatos y oraciones, entre pensamientos propios, entre insectos y el sonido de la Cabezota, entre todo eso, me ha brotado una canción que tenía guardada en alguna parte de mi memoria, seguramente en algún sótano. La canción dice lo siguiente:

Me pongo a pintarte y no lo consigo. Después de estudiarte lentamente, termino pensando que faltan sobre mi paleta colores intensos que reflejen tu rara belleza. No puedo captar tu sonrisa, plasmar tu mirada, pero, poco a poco, solo pienso en ti.

Tú sigues viniendo y sigues posando con mucha paciencia, porque siempre mi lienzo está en blanco. Las horas se pasan volando y hay poco trabajo adelantado para tu retrato. Sospecho que no tienes prisa y que te complace ver que poco a poco solo pienso en ti.

Esta impresionante letra pertenece a la canción Solo pienso en ti. Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán la incluyeron en su disco Señora Azul, álbum que vio la luz en 1974. Este LP, en mi opinión, es música de calidad. Esta canción fue versionada, posteriormente, entre otros, por Miguel Bosé, en su disco Once maneras de ponerse un sombrero. Corría el año 1998.

Pues esta es la canción que se me ha salido hoy por entre los dientes mientras merendaba carne de mosquito a dos carrillos. Y se me ha semejado la dificultad del pintor que se pone a pintar a su modelo y no lo consigue. La estudia, habla con ella, pone todo su corazón en su trabajo y se da cuenta de que es posible que lo que falten sean los colores adecuados y suficientes para pintar esa rara belleza de la modelo de la que, sin duda, está enamorado. Quizá sea el amor lo que le ciegue y no le deje ver, con palabras, con pinceles, la hermosura de su amada. Y se conforma con lo más bonito de todo: pensar en ella, solo pensar en ella. Y ella, por su parte, sigue yendo al estudio del pintor y se deja mirar horas y horas, sabiendo que el pintor no puede pintar algo que no entiende. Y ella se complace de ver la pelea entre la razón y el corazón porque el pintor no encuentra la manera.

No hace falta explicar que el amor de mi vida no es ni Harley-Davidson, ni la Santamaría, ni la Carabela ni la Cabezota ni la que le sustituya. No viene este post por esa parte. El amor de mi vida está, ahora mismo, sentada detrás de mi, buscando nosequé con el iPad. Mis otros tres amores están enredadas entre matemáticas y químicas (o algo así). El post no viene por ahí, sino que viene por la incapacidad de expresar con palabras algo que, en realidad, no se puede expresar con palabras. Las emociones, las sensaciones, los sentimientos, se pueden nombrar y se pueden caracterizar de manera general, pero si lo que queremos es precisión estamos perdidos. Porque no se puede.

Ante este hallazgo lo que debería terciarse es una renuncia expresa por mi parte a volver a intentar expresar algo sobre este asunto, pero no me da la gana.

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Desde el balcón de Uceda