El trago infinito de infinita cerveza

El trago infinito de infinita cerveza porque has vuelto a casa, que vienes de El Atazar de comprobar que el agua y el cielo y el pueblo redondo y el motero del balcón siguen allí. Porque todo es lo mismo de antes solo que con las marcas y destrozos de las dos Filomenas, la Filomena climatológica y la otra Filomena, el otro Filomeno. Y es que ayer me ocupé de ambas cosas: de la Filomena carpinteril y albañil y pintoril, y de tirar más mierda por las cunetas. Recomiendo al lector subirse en su moto, irse por ahí y tirar todo eso que nos quiere pudrir por dentro, todo ese estanque que se va formando, toda esa infección de vida que nos provoca el recuerdo, todo ese pus que se sigue formando en las heridas malintencionadas que un Filomeno cualquiera te puede hacer en su provecho. Tira mierda. Tira mierda y cuando llegues a casa hazte el encontradizo con ese trago infinito de infinita cerveza porque todo es lo mismo de antes. Tiene que serlo.

Por cualquier carreterita vas soltando lastre al ritmo de tu chup-chup particular. Es curioso comprobar cómo el cambio de moto afecta a la manera en que haces las cosas. El cambio no afecta al estilo de hacer, es decir, no afecta al paseo breve, al paseo lento, al paseo inútil, al chup-chup, sino que afecta más bien a cómo haces ese paseo. Ir por la carretera con la Iron 883 es una cosa e ir por la carretera con la F750GS es otra. Hay una sensación de poderío indescriptible que se descubre subido ahí arriba y que te lleva a pensar cómo sería adelantar a esos dos coches que tengo delante. 

Es que ayer hice un adelantamiento obsceno. Dos coches circulaban probablemente juntos a una velocidad uniforme. No se despegaban ni se acercaban entre sí. Rodaban así, como si fueran juntos de viaje por la N-320. Yo iba detrás de ellos y no sentía ninguna necesidad de adelantarles porque iban a ochenta, y yo también. En un momento dado me pregunté qué pasaría si les adelantase, y cómo sería ese adelantamiento. Yo, que circulaba en sexta velocidad, pensé: -Pues vamos a ver. Y los adelanté. Hice así con el puño derecho y la moto hizo una aceleración asombrosa. Pensé que con esta moto y con la cabeza en el casco, tienes ganada la situación.

Tener poder y utilizarlo. Menuda sensación. Tener poder para hacer algo y hacerlo. Subido en una moto como ésta tienes una posición en la carretera que yo, al menos, no podía ni imaginar. Pero hay otra sensación que estoy descubriendo y es la de tener ese poder y no utilizarlo. En ese saber y no hacer encuentro regodeo. Puedo correr mucho más, pero acelerar brutalmente, puedo tumbar en las curvas como no se ha escrito, puedo frenar a la velocidad del rayo… y no hacerlo. Esa sensación de poder es más poderosa que la sensación de poder que da el hacer todo eso que se puede hacer.

Y vuelves a casa, que es lo más importante, y te cepillas ese trago infinito de cerveza infinita y sonríes porque estás vivo, porque estás en casa, porque los tuyos te quieren, porque puedes hacer cosas y las haces, porque puedes hacer cosas y no las haces, y sonríes.

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