Yo solo me ocupo de pasar frío

Francamente, me da igual que la moto tenga unas Anakee III que cualquier otra marca de neumáticos, porque jamás se me ocurre ponerme en situación de acercarme al límite que tengan por su fabricación por razón de que mi propio límite está mucho más acá. Por eso, tras haber rodado hoy setenta kilómetros llovidos, me ha parecido que son unas buenas ruedas. Pero los neumáticos solo se han llevado el segundo premio, porque el primero se lo ha llevado la propia moto.

Resulta que la previsión que ofrecía el telefonino esta mañana no era de lluvia sino de frío, de mucho frío. Me he puesto cuatro capas de cebolla -incluyendo la chupa de Santos-, las botarras, los calcetinorros, el cascorro y los Vquattrorros y he salido al campo, al frío de los cinco grados. El cielo estaba todo lo heterogéneo que ha podido: sol por allí, nubes negras por aquí, nubes bajas por allá y nubes blancas por acullá. Y se ha puesto a llover. Es entonces cuando he empezado a pensar en darme la vuelta, acobardado por el líquido elemento que comenzaba a resbalar en forma de gotas por la visera. Pero no me he dado la vuelta. He puesto el modo rain y he continuado, ocupándome solamente de pasar frío.

Me parece asombroso que esta moto, la F750GS, con los neumáticos antes mencionados y en el modo rainoso, pueda circular ofreciendo la seguridad que he percibido. Como ya es sabido por los lectores de este blogecito, este motero no conduce bien. Y he encontrado en la tecnología la respuesta a los charcos en recta y a los charcos en curva, a las sucias rotondas de Alberto o Emiliano, al barro de los tractores y a las caquitas de las ovejas. ¿El ABS? ¿El control de tracción? ¿El control dinámico de frenada? ¿El modo de conducción rain? ¿La suspensión electrónica? Pues no lo sé porque yo conozco muy por encima la tecnología que lleva la BMW.

Lo que sí que sé es que la Iron 883, al tomar las curvas mojadas, hacía así así así con la rueda delantera. Sé que la rueda trasera patinaba con motivo y sin motivo. Sé que sonaba maravillosamente y que lucía preciosa, y que estuve a punto de morir aquel día en Valdelavía. Y sé que con la Cabezota lloviendo yo iba solo con mis posibilidades porque aquella máquina perfecta de Milwaukee no aportaba nada de nada. En cambio, ahora, la moto se encarga de todo y yo solo me ocupo de pasar frío.

La chupa de Santos

Guantes VQuattro calefactados

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