El mejor regalo

La ruta de hoy ha sido breve como breve es el momento que he perseguido como breve pretende ser esta entrada. Con el sol de frente.

Una ruta es un acto de voluntad. Hacer una ruta es querer perderse de mentira un rato más o menos breve, más o menos largo, en el que dejas en el perchero lo que eres y lo que haces, lo que calzas y lo que vistes y, durante un tiempo, ver el mundo con otros ojos, oler con otra mascarilla y sentir diferente buscando otros pálpitos, otros latidos, otros temblores.

Hoy, en lo más alto de arriba, en el Mirador de Isabel II, pasaba eso. Ha pasado eso que esperamos que pase: que el sol salga de nuevo, que salga otra vez. Quizá yo estoy acostumbrado a que el sol salga cada día pero desde hoy no lo daré por descontado. Estoy convencido de que un nuevo amanecer es un acto de voluntad en el que, aunque a mí no me corresponda, puedo ayudar aunque sea solo con mi presencia. Solo estar ahí, solo verlo, solo paladearlo, solo agradecerlo, porque un nuevo día es el mejor regalo para un motero.

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