img_7505Libros de viajes los hay a montones. En España hay tradición de este tipo de libros desde los tiempos de Antonio Ponz y antes. Hoy, casi cualquier persona tiene la oportunidad de viajar por placer, por turismo y por trabajo. Desde que somos jóvenes comienzan a salirnos oportunidades de comprender este mundo globalizado.

Viajeros los hay a montones. Mira que hay personas que han decidido dedicarse profesionalmente a eso de viajar. Unos lo cuentan y otros no. Unos lo hacen de cara al público y otros se lo guardan. Además de todas estas personas, los demás, la gente normal, viajamos una, dos, tres veces al año por diferentes motivos.

Moteros los hay a montones. Anda que no hay motos por la calle y por las carreteras. Motos de todo tipo, pequeñas y grandes, bonitas y feas, ruidosas y silenciosas. Es un buen medio de transporte para aquella gente alternativa que piensa que el coche es una lata.

Escritores los hay a montones. En cualquier sitio medianamente culto de internet te puedes hacer con un listado de escritores vivos más largo que la península de California. Y si también contamos a los escritores que han sido, para qué hablar. Y muchísimos de ellos son buenos.

Entonces, ¿por qué me gusta Miquel Silvestre? ¿por qué me gusta su trabajo? ¿por qué procuro no perderme sus episodios? Pues me gusta por tres razones:

La primera, porque es un tipo que tiene gancho, que tiene carisma personal. No ha sido tocado por los dioses de la belleza física pero sí que ha sido tocado por las musas de la inteligencia y de la chispa, de la amabilidad y de la cercanía.

La segunda, porque es independiente. Hay un montón de viajeros por ahí que reciben el patrocinio de la marca de su moto, de un concesionario, de una ropa. Pero cuando quieres hacer lo que a ti te da la gana, entonces es que estás llamado a ser libre para poder contar lo que te parece, cosa que no se puede hacer cuando te sujetas a la obediencia del dinero.

La tercera, porque es auténtico. Miquel es un tipo que escribe con las tripas y que habla con el corazón. Al espectador le gustará o no le gustará, pero nadie duda de que lo que dice es lo que siente y lo que piensa, y eso le da una credibilidad que le pone en el pódium de la autenticidad.