Un día de nada, un día de todo

IMG_1636Un día de nada, un día de todo. Un día de ocho horas en moto perdido por la jareta del Tajuña. Un día de gloria dedicado a tranquilear en compañía compañosa. Un día para llegar al fin del mundo -al inicio del mundo-, al omega y al alfa, y volver al calor del verano recién estrenado. Eso ha sido hoy. Un día de nada, un día de todo.

Porque ir a Buenafuente del Sistal es eso, es ir al principio de los tiempos, que está justo en el centro de la España vacía y vaciada, donde las jaras y los enebros, los pinos y los robles tapan el manto de matorral que blanquea en invierno por la nieve y en verano por la sal.

El curso del Tajuña acoge el curso de la carretera que imita hasta donde puede la gracia de la Naturaleza. El poderío de su caudal quedó marcado en la tierra. Hoy, modesto, se conforma con seguir existiendo.

La emoción se dispara una vez pasado Cifuentes, pueblo de besos. O mejor dicho, la emoción se dispara en la gasolinera de Cifuentes justo cuando ha llegado una Street Bob. He babeado, he bobeado como yo solo sé hacerlo.

Tras la emoción ha venido las dos preocupaciones. La primera preocupación ha venido cuando hemos recorrido la costura del río Salado. Yo iba tan campante, despacio, cuando un coche oscuro ha aparecido, despacio, tras una curva. Mi susto ha sido monumental. Rápidamente, Proclive me ha adelantado y ha puesto serenidad en el asunto. Lo cierto es que me he asustado como pocas veces porque han sido muy pocos metros los que han mediado entre la normalidad y la tragedia. Pero yo iba por mi carril… Pues no, no iba por mi carril. De ahí ha venido la segunda preocupación: yo creía que iba por mi carril pero no, no era así. No estoy seguro de si era así porque yo iba buscando alguna zona menos bacheada o ha sido porque creía que, realmente, era mi carril. Esta situación me acerca, conscientemente, a una no muy lejana visita al Sr. Rementería. ¡Qué cosas! Crees una cosa y la realidad es otra.

Proclive, Fendetestas, Leif Sagas y yo. Los cuatro hemos aperitiveado en plaza pública (o semipública, no estoy seguro), pero hemos aperitiveado. Y hemos regularpicoteado en Cifuentes. Nada que recordar.

Un día de nada, un día de todo. Unas horas de calor moderado, un tiempo de volar sobre las curvas, un momento de retar a la quietud del paisaje. Un día de nada, un día de todo.

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La Cabezota
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La Montón y la Clementina
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La Caprichosa
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La casa de la Madre de Dios

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