Cambia, todo cambia

Parte 1

Observemos atentamente las tres imágenes que encabezan este escrito. La primera imagen es una motocicleta de 1903. La segunda corresponde a una de 1957 y la tercera, a una de 2020. Entre la primera moto y la segunda han pasado 54 años. Entre la segunda y la tercera han pasado 63. El lector puede suponer la cantidad de modelos que se fabricaron entre la primera y la segunda, y entre la segunda y la tercera. 

Una vez imaginados -o repasados- los modelos de Harley-Davidson producidos por la marca durante esos 117 años de historia, el lector puede, a continuación, pensar que la fabricación de motocicletas es una actividad más entre las miles y miles de actividades que el género humano ha realizado a lo largo de su existencia.

Parte 2

Mi abuelo se llamaba Eugenio. No le conocí porque falleció cuando yo tenía dos meses. Mi padre también se llamaba Eugenio. Pues bien, Eugenio, mi padre, contaba cómo el abuelo Eugenio siempre les decía que no sabéis nada, que yo cuando era joven hacía los cálculos de cabeza, y que eso que hacéis ahora no es caligrafía porque caligrafía es lo que hacíamos antes con plumas de ave, y que ahora no sabéis lo que es el respeto a los mayores porque en el tranvía no dejáis el sitio a las personas mayores. Era curioso escuchar a mi padre contar aquellas aventuras madrileñas de los años treinta, Guerra civil incluida. 

Yo puedo contar cómo mi padre nos decía que sabíamos poco, que cuando él era joven hacían los cálculos de cabeza, y que eso que hacíamos con bolígrafos y lapiceros no era caligrafía, y que respetábamos poco a los mayores por no dejarles sentarse en el autobús.

Mi hija mayor, que también se llama Eugenia, podría contar al lector un montón de cosas muy parecidas a las que contaban mis antecesores. Seguro.

Es decir, amigo lector: cada generación se apropia de su tiempo y de sus costumbres, y lo hace porque son lo suyo. Cuántas veces hemos escuchado eso de “en mis tiempos…”.

Parte 3

Echo la mirada más atrás. Me voy a la filosofía de Heráclito (540-480 a.C.), que planteaba el cambio como estado permanente (su famoso “panta rei”) frente a Parménides (nacido hacia 530 a.C.), que planteaba que “lo que es, es, y lo que no es, no es”. O sea, la permanencia de las cosas.

Como comprenderá el lector, yo no voy a resolver el conflicto que se crea entre lo que ha sido siempre, lo que es ahora y lo que haya de ser en el futuro. Lo que sí que tengo claro es que para vivir, para sobrevivir, tienes que adaptarte. Si quieres vivir hoy tienes que tener un teléfono móvil. Tienes que tener una cuenta de correo electrónico. Tienes que sacrificar tu libertad individual en favor de la seguridad colectiva. Tienes que comer un pan cuya procedencia ni te imaginas.

Parte 4

Recordar, echar de menos. Pasar la memoria por aquello que conocí y que muere poco a poco. Lo más importante (además de volver a casa cada día) es seguir siendo quienes somos, y no dejar que nada suplante nuestra identidad, porque mi identidad no está en lo que tengo ni en lo que he tenido ni en lo que voy a tener. Mi identidad está en lo que soy, en lo que he sido y en lo que voy a ser.

Dejemos, pues, que cada uno, cada persona, cada organización, cada marca de motocicletas, busque su manera de ser en cada tiempo, porque todos necesitamos dos cosas: saber quiénes somos y serlo, como Harley-Davidson, Johnson & Johnson, Grace Kelly, Cola-Cao, Miguel Bosé, Nitrato de Chile, Watermans, Philips, Eugenio, Eugenio, yo y Eugenia.

Mercedes Sosa, cantautora argentina,  escribió en 1984 la canción Todo cambia, y dice así:

“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo. Cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño y así, como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Cambia el más fino brillante de mano en mano su brillo. Cambia el nido el pajarillo, cambia el sentir un amante. Cambia el rumbo el caminante aunque esto le cause daño y así, como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Cambia, todo cambia.

Cambia el sol en su carrera cuando la noche subsiste. Cambia la planta y se viste de verde en la primavera. Cambia el pelaje la fiera, cambia el cabello el anciano y así, como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente. Lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en esta tierra lejana. Cambia, todo cambia.

Pero no cambia mi amor.”

Os dejo la interpretación que Celtas Cortos tiene de esta canción:

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