El silencio intencionado

Hoy he hecho una ruta pasando por sitios como Hiendelaencina, Villares de Jadraque, la carretera GU-157, la carretera GU-137, el Barranco de Mingolobo, el Arroyo del Canalón, el Arroyo de los Cerezos y el del Barrio, el de Valdefuentes, el Arroyo Pelagallinas, Prádena de Atienza y el Arroyo de Valdecanal.

Luego he pasado por el Río Bornova, por el Barranco de Majalampedro, el Arroyo de la Cañada, el Río Cañamares, La Miñosa, la carretera CM-110, el Barranco de Valdegómez, el Barranco de Peña el Cuervo, la carretera GU-213, el Río del Manadero y el Arroyo de la Requijada.

En Condemios de Abajo he tomado la carretera GU-151 y he visto el Arroyo del Poyato, el Río Cristóbal, Aldeanueva de Atienza, el Barranco de la Llanada, el Barranco del Remolino, el Arroyo del Chorrillo y el de Majahondo, el Arrollo de los Chozos, Arroyo de las Fraguas y la carretera CM-1006.

He hecho todo ello con la Marifácil, una BMW F750GS, siendo una distancia total de 191 km y en un tiempo de 3 horas y 14 minutos. La temperatura máxima ha sido de 15 grados y la mínima, de 6. La altitud máxima ha sido de 1447 msnm y la mínima, de 635 msnm.

Bien, pues esta ha sido la ruta de hoy, amigo lector. Creo que no puedo decir más sobre este día. 

O sí. Sí, sí que puedo decir algo más sobre el día de hoy: hoy necesitaba escupir al viento veneno podrido, hoy necesitaba mear al viento amarga hiel, hoy necesitaba llorar al viento agua estancada, y el Alto Rey, en su derredor, me ha prestado el decorado mejor. He tranquileado por carreteras llenas de vacas y de mierdas de vacas, de rebaños de ovejas viejas y de corzos saltarines, de bandadas de buitres hambrientos y de águilas de las que planean por encima del bien y del mal. He ido más solo que nunca y he vuelto más solo que nunca. 

Alcanzar la paz, ganarse la paz, ver cómo se pudren las viejas confianzas al paso de los Anakee, notar el calor del sol que no se nota si no cierras los ojos, parar y asomarse a un barranco cualquiera, sentarse en una pizarra que se ha puesto verde de envidia porque las otras pizarras miran al sur, lamentar las carreteras y lamer el cielo acristalado de teselas empañadas… mientras los robles empobrecidos, la arcilla, el granito y los pinos -y las orugas de los pinos- dejan la vida pasar desde la sabiduría del silencio intencionado. El silencio intencionado.

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