Dos renacimientos

img_6999He ido de paseo. De vez en cuando, como ya sabe el lector, me gusta tranquilear cerca de la tierra que me da de comer, aquí, donde pazco. Hoy, que no hacía un excesivo frío, me he encuerado y me he largado por ahí. Me he llegado hasta Atanzón, que es el siguiente pueblo a Centenera según vas entrando en la Alcarria. A la izquierda queda Aldeanueva de Guadalajara y su balcón al río Matayeguas. Unos kilómetros antes, el viajero habrá dejado Iriépal.

Había pasado por Atanzón alguna vez pero sin la oportunidad de haber parado, Por eso he querido ir allí. Cuando voy a un pueblo, me gusta buscar la iglesia y parar junto a ella, en la puerta. La iglesia del pueblo es el corazón a partir del que, en tantas ocasiones, se formaban los núcleos rurales medievales. Me siento atraído por las iglesias rurales, que son singulares expresiones de la parte popular de los grandes estilos como el románico, el gótico o, en este caso, el renacimiento.

La iglesia parroquial de Atanzón está dedicada a Nuestra Señora de la Zarza y está en lo más alto de arriba, presidiendo el pueblo, desde la segunda mitad del siglo XVI. El Ayuntamiento queda justo ante su hermosa portada, aunque está en un nivel inferior. No he podido entrar a verla porque estaba cerrada, pero me puedo imaginar su planta de salón de aire italiano. Como siempre, y siguiendo mi mala costumbre, me he fumado un pitillo en la no muy extensa plataforma empedrada que da acceso al templo, por una parte, y a la plaza del Ayuntamiento por la otra.

El Renacimiento, hablando de arte español, es un movimiento cultural y artístico que se generalizó e irradió por toda Europa a partir del siglo XV italiano. España es bien conocida por el impacto artístico y por las contribuciones absolutamente geniales que aportó al mundo del arte con la peculiar articulación que se llevó a cabo en tres periodos sucesivos, llamados plateresco, purista y herreriano.

El Renacimiento popular es, en mi opinión, uno de los estilos más hermosos de los que podemos disfrutar en nuestros días. El Renacimiento oficial, el grande, el internacional, y el Renacimiento popular, el que es adaptado a la cultura popular, el que se enraíza con las gentes de los pueblos.

En un momento dado he hecho la fotografía que encabeza este post: la fachada renacentista y una motocicleta que también tiene algo de renacentista. El fondo cultural del renacimiento artístico se sitúa en la antigüedad grecorromana y eleva de categoría, tras mil años, la figura humana. Las formas griegas en lo artístico y lo constructivo y de ingeniería romana en lo arquitectónico resurgen, renacen, para dar gloria al Creador de una manera más luminosa y moderna. Puedo pensar que la Harley-Davidson Street también tiene algo de renacentista. Nace de la antigüedad de las primeras motos del siglo XX, se adapta a los nuevos requisitos sociales y legales, y da respuesta ciudadana desde la idea del disfrute personal, de la necesidad de movilidad y desde la renovación de un estilo que se ha dado en llamar dark custom. Me ha gustado encontrar hoy este paralelismo, sin duda desproporcionado, porque la vida se renueva, las costumbres y tradiciones mandan lo que mandan, porque en el viaje de la vida la humanidad va dejando lo que ya no es necesario, un viaje en el que lo prescindible muere al caer en las cunetas, dejando sitio a lo nuevo, a cosas que todavía no nos gustan, a cosas que no entendemos, a la nueva vida que nos contemplará en nuestra vejez.

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