IMG_8177Una visita temprana me cambió el día. ¡Cómo no voy a atender a un hermano motero que viene a Guadalajara! Faltaría más. Iremos a un sitio precioso, seguro. Iremos a Valverde de los Arroyos. Hace años fui una vez con la familia hasta allí, a hacer una excursión por el Hayedo, pero ya no me acordaba. Está muy cerca de Tamajón, Majaelrayo, Campillo de Ranas, lugares que, como recordará el lector, he visitado recientemente.

¡Y yo que pensaba que ya conocía los paisajes más bonitos del mundo! Estaba equivocado porque los paisajes más bonitos del mundo son los que descubrimos ayer.

No iba a hacer frío. La aplicación del móvil decía que la temperatura sería buena, Google también, y la tele también… y todo el mundo también. Pero no. El aire era muy frío en aquellos parajes. Pero que muy frío. No llegué a congelarme pero ahora, a toro pasado, me habría puesto los guantes de cuero, el cuello y el cubre pantalón, que abriga bastante. Tomando una ración en Valverde comentábamos este asunto del frío. Paco iba peor que yo porque llevaba cazadora de verano sin cortavientos y yo, al fin y al cabo, llevaba la chupa de cuero y forro polar. Y me acordé de cuando era pequeño. Yo no me preparaba el bocadillo para el recreo del día siguiente por la noche porque no tenía hambre. Así de simple y de estúpido era mi razonamiento. Como ahora no tengo hambre, no me preparo bocadillo. Porque no tengo hambre. Al día siguiente, bajo el aplastante sol, veía a todos los niños con su bocata. Pues ahora me pasa igual. Como no tengo frío, no me pongo el cuello, o los guantes de invierno, o el pantalón. Después de todo, ¿cuánto cuesta meter algunas de esas cosas en las alforjas? ¿Para qué quiero las alforjas? Parece lógico pensar que, si vamos a rodar 80 km hacia el norte, y el final de la ruta está a 1.200 m sobre la altitud del mar, tendrá que hacer algo de fresco. Pues no aprendo. Y no tengo pinta de aprender estas sencillas rutinas.

Hicimos el camino natural para llegar hasta Valverde. Tomamos la CM-101, que pasa por Fontanar, Yunquera, Mohernando y Humanes. Allí tomamos la CM-1004 que pasa por Razbona y Puebla de Beleña. Pasado Tamajón cambiamos a la GU-211, que es la que llega hasta nuestro destino. A la ida encontramos solo un poquito de tráfico y, a la vuelta, nada. Especialmente interesante es la GU-211, que atraviesa parajes realmente fantásticos. El día estaba soleado. Algunas nubes nos iban fastidiando más y más la temperatura pero, a su vez, hacían un favor a la escenografía del paisaje, provocando una curiosa iluminación que realzaba aún más su belleza. Enseguida me arrepentí de no haber parado cuatro o cinco veces a fotografiar tamaño espectáculo.

La carretera está en un excelente estado, lo que hizo reducir la clásica preocupación sobre baches, agujeros y zonas de asfalto descompuesto. Es cierto que, llegando a Valverde, hay unos kilómetros que parecían muy húmedos por lo umbrío de esa zona que da a norte puro. Lo cierto es que no era humedad, era como si la carretera estuviese alquitraneada, pintada, por algún motivo que desconozco.

Despacieando. A muy poca velocidad, mucha menos de la permitida por la ley y mucha menos de la que hubiera llevado un ansioso. La máxima expresión del verbo tranquilear, de la primera conjugación motera. Sin importar nada. Dentro del casco, oliendo mis propios pensamientos cruzados con el aroma de las jaras que adornan la carretera y con la resina de los pinos reforestados. Sin exigir, sin apretar, sin aflojar. Sin pedir de más a nada ni a nadie. Solo ir. Solo yendo. Y solo volviendo.

Llegando a casa me di cuenta de que voy cogiendo mucha soltura con la Harley-Davidson. En un momento dado pensé si es que me estaba confiando, pero no, no era exceso de confianza. Es que ya son casi veinte mil kilómetros sobre ella y cada día se me da un poco mejor, creo.

IMG_8171

IMG_8175