La suerte es como un pez

IMG_8261.jpgHoy he acudido a trabajar en la moto, en la Carabela. He ido hasta Villalba donde tenía un quehacer. Para ello, y como salgo con tiempo y vuelvo con tiempo, y el tiempo iba a acompañar, me he puesto los cueros y he salido a la carretera. Torrejón del Rey, El Casar, Torrelaguna, Guadalix de la Sierra, Soto del Real, Manzanares el Real, Cerceda, Moralzarzal y, por fin, Collado Villalba.

Los cien kilómetros de ida han sido fríos. Muy fríos. Previsiones poco previstas por los previsionarios que decían de lo bueno de la primavera. Joder con la primavera por las mañanas!

La vuelta ha sido, sin embargo, un viaje de gloria. La temperatura ideal, la prisa nula, el sol a la espalda, la velocidad queda. Y para sorpresa, tras repostar a los 215 km de depósito y arrancar la moto, ésta ha comenzado a sonar diferente. Llámeme loco el lector, pero la moto ha comenzado a sonar más grave. Eso me ha parecido. Tanto me ha parecido notarlo que he quitado la música que llevaba puesta en el intercomunicador. Al llegar a casa lo he comprobado y, efectivamente, la moto, por tener algo más de veinte mil kilómetros, por el cambio de temperatura y presión atmosférica, o por la altura sobre el nivel del mar, o por el cambio del color del pintauñas de la vecina del octavo izquierda, por eso, ha cambiado un poco más el sonido.

Hoy he escuchado música en la moto. El intercomunicador funciona bien y suena bien para las llamadas telefónicas pero, sinceramente, no vale para escuchar música. Y es una pena porque una de las canciones que ha sonado ha sido de Cabinete Caligari:

“La suerte es como un pez que de sus manos resbaló como la pretensión de ser algo que se esfumó. Preparó todo, trabajó, pero él tenía vocación de ser mucho más en la vida que un kafkiano perdedor.

Pobre hombre, ni su nombre sabe ya decir con tino. Es su sino el de sufrir, es de espinas su camino. Deambula por los puertos suplicando tragos de favor. Apostó su vida a un bello sueño que era su dueño y voló.

¿Quién se apiada de este hombre? No hay desdicha que le asombre. Gira y gira el carrusel, pero siempre gira en contra de él. Deambula por los puertos suplicando tragos de favor. Delirando mamao repite que la suerte es como un pez que de sus manos un día resbaló, y como un plomo en el agua se hundió; sin saber cómo, en el agua se hundió. Y allí reposa con otras suertes, con otras muchas suertes, que resbalaron como un pez.”

Una impresionante y decadente canción que señala el destino de algunos hombres perdedores a los que la fortuna se les resbaló por entre los dedos. Una canción para pensar, para agradecer lo que somos, lo que son los nuestros y lo que tenemos.

Por cierto, el repostaje ha sido de 8,59 litros en 215 km, es decir, exactamente 4 l/100.

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