La Almendra

IMG_9600Allí donde se casan las provincias de Zamora y Salamanca, donde la carretera tontea con el motero jugando a dónde estás ahora, allí, viajando al oeste que acaba siendo luso, allí, bien de mañana, donde las dehesas, allí he estado esta mañana.

Dehesas gigantescas. Muchas de ellas parecen haber muerto. Están descuidadas y las encinas tienen catervas de hijos bastardos. No pastan todos los de España de Hierro ni terneras de Aliste. No las cuidan labradores que viven en la raya. Parece que no les visitan los capataces. Un mar de encinas y encinachos detenidos por un stop del reloj que se paró. Unas pocas dehesas de esas sí que ví. Se las ve cuidadas, secas pero cuidadas, incluso alguna de ellas tienen reses. Las otras, ni res. Pero estas otras están pobladas por vacas de carne y otras, por toro bravo. He visto varias placitas, varias capeas por estas tierras que antes fueron más taurinas que hoy.

Las carreteras

La Junta de Castilla y León, titular de todas las carreteras que he surcado hoy, parece que se ocupa moderadamente de su mantenimiento. He encontrado algunos tramos realmente divertidos. Al menos recorrerlas ha sido un buen ejercicio para el sistema de amortiguación de la cabezota. Pero en fin, no tengo demasiada queja. Habido tramos muy buenos y no he encontrado ninguna curva que hierva a noventa grados, como ayer. Próximamente, la Junta catalogará un nuevo tipo de carretera en esa región: las carreteras diuréticas.

Los pueblos

He atravesado, callejeado y fotografiado doce pueblos. No me voy a entretener, querido lector, en hablar sobre cada uno. Solo voy a destacar Ledesma y el castillo del Asmesnal, del siglo XV. Ledesma es un impresionante pueblo puesto ahí arriba, ahí arribando por entre paredes de piedra y guijarros en el suelo. Para ir y para estarse. Y el Castillo del Asmesnal, fortaleza gótica en mitad de Sayago. Una cosa de esas que te encuentras en el camino. Una cosa de esas que no entiendes por qué está como está.

La Almendra

Al final del trayecto, o mejor dicho, a mitad del trayecto está la presa de La Almendra, que es uno de los embalses más grandes del país. Tiene un asombroso muro que hoy estaba de vacaciones: estaba seco. No, no estaba seco, no, pero tiene tan poca agua que acaba uno por entender por qué las dehesas están como están. El paisaje del entorno es un poco más abierto, aunque no demasiado. Al ir he circulado por las carreteras del sur del embalse mientras que la vuelta la he hecho por las del norte, y en toda esa zona me ha parecido que, efectivamente, el paisaje de encina es más abierto.

La vida encontrada

Los pueblos, estos días de verano, parecen llenarse de gente. A mí me parece que hay mucha gente que viene del País Vasco, donde se fueron hace cuarenta o cincuenta años al calor de aquellos altos hornos o de aquellas oportunidades laborales que Castilla no les pudo ofrecer. Esas gentes vienen con sus hijos a ver a sus padres. Vienen a los cementerios, al cordero, a la bodega, al calor de las madres y de los padres y a enseñar a sus hijos que la puerta de la casa se puede quedar abierta y que la bicicleta puede quedarse apoyada en cualquier pared. Pero claro, esta es una lección de pasado perfecto, no de futuro imperfecto.

La Cabezota

La Iron 883 me sigue sorprendiendo. Me sorprende su agilidad. Es una moto que curvea lo que le pongan por delante. Tiene un buen agarre en la carretera, incluso en los tramos vaciados que he mencionado anteriormente. El asiento me resulta bastante cómodo, lo que no quita que haya que parar de vez en cuando para darle un respiro al culo. En ruta, el consumo es más de 4 litros que otra cosa. Ir en quinta a ochenta le viene bien el depósito.

La soledad

De nuevo la soledad: solitudo, solitudinis, de la tercera declinación imparisílaba, como ya sabe el lector. Con la idea de perderme, o de no perderme. Tranquileando por algún sitio perdido casi luso. Una mañana perdida, cuatro horas tiradas por la ventana, un depósito desperdiciado, un gasto inútil de neumáticos. Todo perdido. Todo pérdidas… y todo ganancias. Tranquilear no tiene precio. E insisto, perder el tiempo con la moto es lo mejor del mundo.

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Parte del muro del embalse de La Almendra
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Iglesia de San Andrés de la Guareña, siglo XII

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La Cabezota en La Almendra
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Puente. Ledesma

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