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La conquista del oeste

Estados Unidos de América se constituyó como país el 4 de julio de 1776. Hasta entonces, el conjunto de colonias que Gran Bretaña tenía en el norte de América contribuía con sus impuestos al mantenimiento del imperio del rey Jorge. Pero todo cambió y aquellas trece colonias confederadas decidieron tomar un rumbo propio.

Un nuevo país dedicado a la libertad personal, a la riqueza de sus gentes, a la muerte de sus indios y a la fiebre del oro se hizo presente en un mundo que tenía como centro el continente europeo. La cuestión de la esclavitud entretuvo a la nueva nación en una espantosa guerra civil tras la que comenzó una época de reconstrucción y otra de industrialización y otra de inmigración y otra de dominio y otra que es la de hoy, la de Donald Trump.

El país comenzó su vida junto al Atlántico. Pero al otro lado le esperaba el Pacífico. Le esperaba el oro y su fiebre, le esperaba California y su clima mediterráneo, le esperaba lo que se dio en llamar el sueño americano. Podemos decir que la historia de Estados Unidos es la historia de la conquista del oeste del subcontinente norte. La conquista del oeste es el emprendimiento, el oro, la fiebre, el sueño, el revolver. La conquista del oeste son los caballos y el polvo del camino. El ferrocarril y la Western Union. El desarrollo de las familias arriesgadas, la aventura de lo incierto, las tribus amerindias que poblaban los territorios. La conquista del oeste es hacer nuevos caminos.

Imagino cómo era la movilidad de toda aquella gente que iba hacia el Pacífico alentada por promesas ciertas y promesas falsas, transitando por caminos nuevos con sus caballos y carretas, viendo cómo se levantaban nuevas ciudades al servicio de los peregrinos de la nueva democracia. Días bajo el sol y bajo la lluvia, con el frío de la noche y el calor de la mañana. A caballo. La revolución industrial hizo que el ferrocarril fuese ganando kilómetros hacia California mientras las gentes cabalgaban junto a las nuevas vías de hierro que, como un tapete, iban cubriendo los espacios conquistados y los espacios por conquistar.

Los caballos debieron suponer una diferencia entre las personas que lo poseían y las que no. Un caballo aseguraba una movilidad razonable. La capacidad de carga, el coste de mantenimiento en agua y pienso, el tiempo de descanso, la casa de postas o el lugar cercano al río para descansar, los arreos y las alforjas, las herraduras y los estribos, la cantimplora con la reserva de agua, el paso adecuado, o el trote o el galope, el cabalgar junto a otros caballos durante largas jornadas interrumpidas por el atardecer.

No tengo ninguna duda de que la motocicleta sustituyó al caballo y de que el sonido de los cascos al chocar contra el suelo lo reproducen los motores. Pero ¿qué oeste vamos a conquistar ahora? ¿Qué oeste de nuestra vida queremos recorrer solos o acompañados? ¿Qué camino quiero inventar? ¿Dónde está el oeste de mi norte? Hoy mismo, querido lector, lo voy a buscar en un lugar llamado Puebla de la Sierra.