Mambrú se fue a la guerra

Mambrú, el que se fue a la guerra, ese que -todos los que tenemos una edad terciada- conocemos por la cancioncilla popular, que cantábamos de niños, ese Mambrú resulta que es de Arbeteta. Y la chica, su chica, es de Escamilla, y se llama Giralda. Mambrú se fue a la guerra porque el padre de Giralda, que tenía posibles, decía que era poco para la moza. Mambrú, despechado, se largó a la guerra y volvió ascendido, y cuando se lo fue a contar al que creía que sería su futuro suegro, éste le volvió a despreciar porque su niña, con un simple granadero, no iba a ninguna parte.

El soldado, despechado de nuevo, se volvió a largar, pero antes de su partida subió con su bandera a lo alto de la torre mientras que Giralda hacía lo propio desde la torre de la iglesia de Escamilla para saludarse y despedirse. Todo esto ocurrió en tiempos de Felipe V, es decir, en la primera mitad el siglo XVIII. Las esculturas que lucen hoy en ambas torres son modernas porque ambas fueron quemadas por sendos rayos.

Estoy seguro, amigo lector, de que en cuanto has leído el título de este nuevo post has tatareado el resto del verso: “qué dolor, qué dolor, qué pena”, porque es una de esas cancioncillas populares, infantiles, que ha adornado nuestra niñez. También estoy seguro de que si el post se hubiera llamado “¿quién vive en la piña, debajo del mar?”, serían vuestros hijos o nietos quienes habrían sabido situarse. Pero no es el caso.

Pues resulta que hoy he estado en Arbeteta y uno del pueblo, que me ha visto llegar y hacer alguna foto, se me ha acercado y me ha dicho: -Es el Mambrú. Yo no tenía ni idea de que este personaje popular fuese de Arbeteta. Arbeteta está en la ruta resumida que había preparado para hoy, que llegaba hasta Ocentejo. Ambas poblaciones están en la GU-929, una de las carreteras más bonitas por las que he rodado. Atraviesa el Parque natural del Alto Tajo de sur a norte o de norte a sur, no lo sé, y recorrerla a catorce grados de buena mañana, solo -solo de solo- ha sido una experiencia de emoción. Hay que aprovechar los momentos de emoción para hacer, para decir, para sentir o para rezar cosas fuertes, cosas gordas porque, en esos  momentos fuertes, las emociones, que nos esperan en los límites de las experiencias de vida por las que pasamos, salen a la superficie del alma y del cuerpo y nos proporcionan momentos de cambio, momentos de reinicio, momentos de reseteo. Otra cosa es lo que te dure ese reseteo, pero lo que hay que hacer hay que hacerlo. 

El frío y el sol, los pinos y los robles; el Tajo y el Tajuña, el padre y el hijo son los que han marcado la senda de esta ruta y son los que han marcado a este motero, que ha vuelto a casa con otro Espíritu.

Castillo de Arbeteta
Carretera GU-929
Mambrú, en lo más alto de arriba

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: