Somos ricos

Somos ricos y no lo sabemos porque tenemos tiempo. Sí, trabajamos mucho, vamos a la oficina, echamos un montón de horas a cuenta de otro que gana más que tú, que no es tan listo como tú y que trabaja menos que tú. Sí, es cierto, somos ricos.

Somos ricos y no lo sabemos. Tenemos un piso de noventa metros cuadrados en un lugar más o menos céntrico con tres dormitorios y un calentador de agua y radiadores y camas y una tele y un buzón para el correo y un montón de pequeños electrodomésticos que acumulan un montón de polvo. Somos ricos.

Somos ricos y no lo sabemos. Tenemos un sueldo al que cada vez se le empina menos y una cuenta corriente en la que, si gritas, oyes tu propio eco. Tenemos ahorros en el banco y nos vamos de vacaciones a Santa Pola, como Dios manda. Y hay veces que compramos un jamón, un buen jamón. Ciertamente somos ricos.

Somos ricos y no lo sabemos, que cogemos nuestra moto, tanto si es una Marauder como si es una Virago como si es una Special como si es una ocho ocho tres como si es una Ténéré como si es una TRK como si es una mil doscientos cincuenta, y salimos a no hacer nada a la otra punta de la ciudad, a la otra punta de la provincia o a la otra punta de ninguna parte. La verdad es que somos ricos y no lo sabemos.

Somos ricos. Llamamos a un amigo o a dos o a tres y, si hay suertecilla, se alinean las cosas y sales por ahí a perder ese tiempo que atesoramos durante la semana a conocer esos sitios de los que desconocías su existencia y a mantener conversaciones con quien nunca sospechaste que te fuera a entender. Y te das cuenta de que, realmente, somos ricos.

Hoy, como cualquier otro rico, he estado de ruta con Fendetestas y nos hemos ido a comer cordero a Pedraza, como la gente de nuestra condición. Hemos dispuesto de todo nuestro tiempo para ello y de nuestras motos y de nuestra conversación y de nuestra espera y de nuestra sed y de nuestro entender y de nuestro pasado y de nuestro presente y de nuestro futuro, y hemos concluido que no hacer nada no es no hacer nada, que no hacer nada es hacer algo. Por eso, amigo motero, siéntete rico, coge tu moto, lárgate por ahí, charla con los amigos, come y bebe, vuelve a casa (que es lo más importante) y cómete a besos a tu familia, y da gracias al Dios de las dos ruedas porque eres rico.

La Marifácil en Miraflores de la Sierra
La Caprichosa y la Marifácil en el Castillo de Turégano
En medio de los pinares segovianos
Sepúlveda

https://goo.gl/maps/w9dStNCNxi7hUgac9

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