Sol y huevos

Este domingo he estado con los amigos. Otra vez nos ha dado por salir por ahí, a pasear, a tranquilear, a no hacer nada, a perder el tiempo con mayúsculas. Creo que nadie sabe perder el tiempo como nosotros. Darix, Fendetestas, Proclive y yo. Es decir, La Gata Negra, La Maltratada, la Abuela y La Carabela. Todas negras.

La cita tenía lugar en Darix Roudabout a las nueve y cuarto. Esto parece cosa sencilla pero en realidad no lo ha sido, por lo menos para mi, porque la previsión era de dos grados a las ocho de la mañana en Guadalajara, pero la realidad ha sido de cuatro bajo cero. Yo tengo comprobado que cuando la temperatura baja de cuatro grados positivos, la cosa se pone muy fea para rodar. Con que imagínese el lector lo que ha sido hacer los 50 km hasta Madrid a esa temperatura. Ha sido terrible y he necesitado parar tres veces porque el dolor era fuerte. La primera parada ha sido porque llevaba mal colocado el cuello y entraba aire. La segunda y tercera han sido para calentar las manos porque mis guantes no han podido resistir. Eso sí, tras dos minutos, las manos estaban perfectas y así aguantaban otros quince minutos más.

Ya en la rotonda nos hemos desayunado mientras discutíamos la ruta a seguir hasta Miraflores de la Sierra, que era el lugar elegido previamente para dar la vuelta. En el mapa adjunto de puede observar el recorrido que hemos hecho.

Por otra parte tengo que decir que hay una verdad inmutable e infinita, y es que cada vez que pasamos por Colmenar Viejo hacemos parada en la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, un lugar de belleza singular. Tras una serie de centenarias peripecias arquitectónicas, en 1969 se adjudicaron las obras de restauración y ampliación de la Ermita a los constructores de esta localidad Sres. Rico Collado y  Criado Izquierdo. Dirigieron las obras el arquitecto Sr. Bellosillo y el aparejador Sr. Sanz Morales.

El himno a la patrona de Colemnar tiene estrofas muy bonitas, como por ejemplo, esta:

Colmenar te saluda, Colmenar te saluda,

como a su madre, como a su madre.

Y tu nombre repiten montes y valles.

Dejamos atrás este insigne pueblo y enfilamos hacia Guadalix de la Sierra para llegar hasta Bustarviejo y, de ahí, a Miraflores de la Sierra. Miraflores es famosa por sus fuentes, como La Fuente del Cura o el Humilladero de San Blas. Tiene algunos  edificios y símbolos  como la Plaza del Álamo (Vicente Aleixandre, que veraneó en Miraflores de la Sierra durante gran parte de su vida, le dedicó al álamo una poesía que se puede leer al lado del tronco). Destaca también la iglesia, consagrada a la Asunción de Nuestra Señora, templo que data del s. XV y que presenta muchas modificaciones realizadas durante los siglos posteriores.

Hemos estado en el bar Stop&Go, en el que su propietario, Fran, nos ha agasajado con abundante colesterol. Muy bueno, muy rico. Buen sitio este, nos ha gustado parar ahí. Ya hemos estado otras veces pero hoy hemos estado mejor que nunca. Desde el bar hemos observado que el termómetro que había en la calle de enfrente nos mentía sibilinamente con sus veinticuatro grados.

El camino de vuelta ha sido el mismo que el de la ida solo que yo, al llegar a Guadalix, he tomado la carretera hacia Torrelaguna para llegarme hasta mi casa.

El paisaje del Cerro de San Pedro no parecía querer ser hoy velazqueño. A pesar del impresionante cielo azul que nos ha protegido toda la mañana, los ocres de los robles y los verdes de los nacientes sembrados se han empeñado en darnos una visión de precioso contraste entre lo humano y lo divino, entre la solera y la umbría, entre el calor y el frío, entre lo bueno y lo malo. Creo que nosotros nos situamos más bien en el lado de lo bueno, y eso se nota en la forma de estar, de hablar entre nosotros. Nos hubiera faltado Leif Sagas. De hecho nos ha faltado Leif Sagas, que no tiene más remedio que contemplar desde la distancia a La Clementina, que llora por una pronta recuperación.

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Exterior de la Ermita de los Remedios

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Recinto

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Paisaje desde la Ermita (incluyendo la cárcel de Solo del Real)

portada

Las cuatro monturas

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Y nosotros cuatro

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