Lo normal puede ser extraordinario

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La Cabezota en San Lorenzo de El Escorial (Madrid)

Nuestra vida se desarrolla dentro de lo que todos podemos llamar normalidad. Cada uno tiene su normalidad, claro está. Cada uno, en su vida, puede saber qué es lo normal y qué no es lo normal. Yo, por ejemplo, en mi vida, sé que manejar grandes cantidades de dinero -en el caso de que eso se produjera- no sería algo normal. Tampoco sería normal, por otra parte, no manejar ninguna cantidad de dinero por pequeña que fuese. Lo normal, en mi caso, es algo que está lleno de pequeñas monotonías entre las que sería difícil encontrar cosas extraordinarias. Una de esas cosas normales es pasear con la Cabezota.

Ya sé que todo el mundo no tiene una Harley-Davidson, aunque sea de las pequeñas de la familia. Ya sé que no todo el mundo tiene un coche, ya sé que no todo el mundo tiene una casa, ya sé que no todo el mundo tiene una familia. Ya lo sé, pero en mi caso, estas cosas que menciono forman parte de la normalidad. Lo normal, en mi mundo, es que mi familia me quiera y que mis hijas adolescentes jueguen el juego de su vida. Y lo normal es que, según los meses, las cosas vayan mejor o peor.

Un día cualquiera, un fin de semana, cojo la moto y me voy al campo. Nada del otro mundo. Quitas los elementos de seguridad, arrancas -uf, arrancas!- y me piro por ahí… a nada. Estoy un rato, más o menos largo o más o menos breve, y vuelvo a casa (volver a casa es lo más importante). Y en todo ese tiempo, en realidad, no pasa nada. Solo pasan cosas previsibles: uno que cruza por donde no debe, un coche que se salta un estop, un corzo que vuela sobre el asfalto, hay arena derramada en la curva. Nada especial, lo de todos los días. Lo de siempre.

Hay un tipo que se llama Víctor Küppers. Es un tipo de esos que dice cosas interesantes. Bueno, a mi me interesan las cosas que dice Víctor. Como buen orador, tiene preparadas unas cuantas sesiones que va lanzando por ahí, y una de esas sesiones tiene que ver con la actitud. En esa sesión, que se puede encontrar en internet muy fácilmente, el tipo mantiene la teoría de que la actitud de las personas cambia las cosas y las puede convertir en grandes y extraordinarias. Dice que está muy bien tener competencias personales, habilidades, conocimiento… que todo eso está muy bien, pero que el factor que potencia la vida, lo que nos hace verdaderamente excepcionales, es la actitud que tenemos ante las cosas.

Yo, cuando me voy a trabajar, cuando me levanto por la mañana, cuando llego a casa a recoger besos, siempre que puedo, siempre que la vida me llega -que no es siempre- busco algo y lo hago extraordinario a base de actitud. Cuando cojo la moto, siempre o casi siempre, consigo convertirlo en algo extraordinario y emocionante. Aunque para mi sea normal, es muy posible que para otros, el hecho de garbear cincuenta, cien kilómetros, suponga una bobada, para mi supone algo genial. Estoy convencido de que la actitud personal es lo que cambia la vida de la gente.

Seguro que hay ocasiones en las que deseamos poner algo extraordinario en nuestra vida, y resulta que nosotros mismos tenemos la magia suficiente como para convertir nuestra rutina en algo cojonudo. Hay veces que buscamos hacer cosas extraordinarias y no nos damos cuenta de que, con un simple cambio de actitud, el sol brillará de otra manera.

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