Sin poder podar

Hoy he estado en Harley-Davidson Capital (Madrid) porque quería ver y comprar, en su caso, las botas Sendra Sprinter Chocolate, unas botas fabricadas en España, de estilo militar y hechas de cuero engrasado de color chocolate. En la info que se ofrece sobre este modelo se dice que tiene un proceso de fabricación artesanal al 92% en el que se cortan y moldean las pieles y se unen todos sus elementos para proporcionar a cada bota una identidad propia. Informa de que son 250 pasos en el proceso de elaboración, entre los que destaca el denominado “Cosido Goodyear”, clave en el proceso de ensamblaje de la resistencia que caracteriza a la marca. Este sistema Goodyear consiste en un doble cosido que une el pie con el piso y, por el otro lado, un cosido interior que sujeta la piel superior a la plantilla y la vira, mientras que otro cosido interior ata la vira a la suela.

Pues lo cierto es que las he visto y las he adquirido porque no tenía calzado adecuado para la moto. Algunos de mis amigos moteros me han insistido hasta la saciedad en la importancia de tener unas botas en condiciones. Incluso hace bien poco nos reunimos una panda de ellos  para buscar alguna cosa en un autoservicio madrileño, donde Leif Sagas compró las suyas. Además de porque me han gustado y porque creo que van a cumplir su función, las he comprado por el descuento del 25% que me han hecho en la tienda. Una tienda curiosa.

Capital es uno de los dos concesionarios Harley-Davidson en Madrid. Tengo oído que el propietario de esta tienda lo es a su vez de la vecina concesión de Royal Enfield, cuyas motos me parecen todas preciosas. Bien, pues me han atendido muy bien, han sido amables conmigo una vez más. Un concesionario de motos o una boutique. Una boutique o un concesionario de motos, no estoy seguro. Pero el ambiente hoy era simpático, bastantes personas ayudando a elegir al motero de la familia que si una cazadora, que si una camisa.

Luego ha venido la aventura: llevarme las botas en la moto. Menos mal que hice caso a Fendetestas el día que le oí decir que suele ser útil llevar una cincha de carga, que nunca se sabe. Al hilo de ese comentario me fui a Aldi donde, casualmente, encontré y compré un pack de dos cinchas por 3 euros. Así que, ni corto ni perezoso, he hecho el avío al asunto, tal y como se muestra en la fotografía adjunta.

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Estando en plena operación de sujeción de la caja de las botas he recibido una llamada de Jumento con la idea de tomarnos unos tardíos churros, que se han transformado en tortilla y queso. Y para ese viaje bien me ha venido la alforja improvisada, ya que el paquete no se ha movido en absoluto. Pero claro, mi viaje no terminaba ahí, porque mi primera intención era ir a la parcela, donde me esperan unos pocos árboles y unas tijeras de jardinero. Y ocurre lo que sucede: las cosas se retrasan, salgo más tarde de lo previsto, hay que repostar… con lo que he llegado a la parcela a las dos y media… y me he quedado sin poder podar.

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En el aparcamiento de Proclive, junto a La Abuela.

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Y a petición del público, la bota!

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